Iba andando por la calle, y me encontré caminando tras una pareja, un chico y una chica. No parecían ser más que un par de amigos que tienen mucho que contarse, pero sí que parecían el típico par de frívolos caracterizados por unas cabezas que no valen para más que llevar una cabellera peinada al milímetro. En pocas palabras, eran del tipo de personas de los que jamás habría esperado oír una consecución de palabras que tuvieran algún tipo de sentido medio trascendental.
El caso es que, en el momento justo en que les adelantaba por la izquierda y me hacían un hueco en la estrecha acera por el que pudiera pasar, oí que el chico en cuestión decía:
“Que la vida son dos segundos. Y estalla una guerra y mira, todo a tomar por culo.”
Si bien no es éste el modo en que uno espera escuchar un comentario acerca de la brevedad de la vida, me pareció algo tan real que no pude más que reflexionar sobre ello. Y acto seguido, caí en la cuenta de que una vez más los prejuicios me habían jugado una mala pasada. Puede que no aparenten ser más que un bonito recipiente carente de contenido, pero todo el mundo se da cuenta de lo que vale una vida que, seguramente, no dé de sí todo lo que esperamos de ella.
El caso es que, en el momento justo en que les adelantaba por la izquierda y me hacían un hueco en la estrecha acera por el que pudiera pasar, oí que el chico en cuestión decía:
“Que la vida son dos segundos. Y estalla una guerra y mira, todo a tomar por culo.”
Si bien no es éste el modo en que uno espera escuchar un comentario acerca de la brevedad de la vida, me pareció algo tan real que no pude más que reflexionar sobre ello. Y acto seguido, caí en la cuenta de que una vez más los prejuicios me habían jugado una mala pasada. Puede que no aparenten ser más que un bonito recipiente carente de contenido, pero todo el mundo se da cuenta de lo que vale una vida que, seguramente, no dé de sí todo lo que esperamos de ella.
M.L.G.G-A.
No hay comentarios:
Publicar un comentario