[...]El aire poco a poco se volvió denso y gris, como si una fría niebla cubriera la escena del mayor delito que se puede cometer: el silenciamiento de la palabra. El ambiente se enturbió y, una vez enrarecido, contagió su pesar a la brisa, ahora quieta en un gesto de solemne pésame. La pólvora flotante se depositó lentamente sobre aquellos periódicos malditos, deteniendo definitivamente su vuelo. Y sin quererlo, aquella calleja sin salida le rindió a este soñador su primer homenaje en un silencioso y más que íntimo funeral.
M.L.G.G-A.