lunes, 14 de diciembre de 2009

El arte de sentirse bien.

Como todos los días, salí de casa dispuesto a emprender un día de lo más normal, de lo más anodino, de lo más… corriente.

En efecto, yo siempre me había considerado una persona corriente. Y me sentía orgulloso de ello. Estoy casado con una mujer maravillosa, tengo dos hijos estupendos, un gran piso, un buen coche y un obediente perro. Mi trabajo no me satisface, pero sí satisface nuestros caprichos, los caprichos que tiene la gente corriente.

Y puse mi pie derecho en la calle, y respiré el contaminado aire de la ciudad. Una ciudad tan corriente. Y, andando, me encontré con el mendigo de siempre, el que te bendecía e inclinaba la cabeza a tu paso, le dieras una limosna o no. Era un mendigo… corriente. Estaba cubierto en ropas amplias, de tonos grisáceos, que desprendían un olor bastante acre. Mirar su cara era como mirar una parcela de tierra seca, demasiado revuelta, abandonada durante años. Sus negros ojos no transmitían ni paz, ni ansiedad; ni amor, ni odio; ni nada, ni algo. Eran unos ojos corrientes que me miraron a la par que él extendía su mano izquierda y, como todos los días pares, le di una limosna… de las corrientes, ni mucho ni poco. Para seguir viviendo un día corriente.

Pero fue volver a casa del trabajo y descubrir que mi día no estaba siendo tan corriente como debería. Y a las personas corrientes, eso nos agobia, nos abruma… nos humaniza. Mi corriente mendigo no se encontraba donde debería. En su lugar, sus corrientes y malolientes harapos; cien metros más allá, su cuerpo, desnudo y calcinado, yacía inerte. Y, sin embargo, el titular de la noticia era una frase… corriente. Las miradas que los curiosos le dirigían eran miradas corrientes. Igual de corrientes que los uniformes de policía, que mi cara de susto y que la cara de pena de la señora que miraba desde la acera de enfrente.

Y desde entonces me da asco ser corriente. Y me siento extraño al sentirme Humano. Tengo cuarenta y siete años y me siento Humano. Por primera vez. Y, más que extraño, me siento bien.
M.L.G.G-A.