Se dice de las meigas que no existen; pero todo el mundo sabe que haberlas, haylas. Y por tanto, en algo se parecen entonces a las arpías: las hay. Pero lamentablemente no escogen el camino discreto, a lo meiga, sino que se ven a distancia, se las huele, se las siente. Y desde que son bien pequeñas, que la zorra nace, no se hace. Empiezan tratándote de quitar la Barbie, luego los amigos y, más tarde, aquello que más quieres. Digamos que saben dar donde más duele.
Y nos trajo Moisés de un famoso monte una tabla divinísima que todo hijo de vecino, cristiano o no, debería cumplir (en el caso de no creyentes, al menos a partir del cuarto mandamiento que en ella figura), porque refleja una filosofía de vida ordenada y, para que nos entendamos, COMO DIOS MANDA, que para eso fue Él su autor. Y en esta tabla aparece una frase sencilla de comprender, un enunciado tan claro que casi trasluce, que, básicamente, dice que no codicies lo que no es tuyo.
¿Y es que estas señoritas no saben nada sobre los Derechos Humanos? Las libertades de uno terminan donde empiezan las del coleguita de al lado. Y si el coleguita en cuestión es más feliz que tú, ajo y agua, búscate la vida y deja de incordiar. Porque yo, como enemiga natural de esta calaña de mujeres en particular, me pregunto: ¿qué pretendes tú, que tienes el interior más feo de todos los posibles, contra las demás, que conseguimos lo que tenemos de manera legítima?
Pues para estos seres, por llamarlos de alguna manera, ¡ni Diez Mandamientos ni Declaración Universal de los Derechos Humanos que valgan! Imponen sus leyes, su ojo por ojo, su mala leche y su codicia ilimitada. Vamos, que provocan una aversión digna de ser admirada o, cuanto menos, comentada. Y el resto, por suerte, sabemos que perro ladrador, poco mordedor.
El pobre diablo que caiga en las redes de una de estas criaturas endemoniadas será arrastrado a la miseria más profunda. Pero a nosotras, alguna que otra vez pisoteadas, nos quedará el consuelo de saber que sólo la envidia, los complejos y un gran sentimiento de inferioridad guían a un ser humano a codiciar lo que, por derecho, pertenece a otra persona.
M.L.G.G-A.
No hay comentarios:
Publicar un comentario