lunes, 13 de abril de 2009

Pensar con claridad.

Tengo el grave defecto de tener las cosas claras. Y lo llamo defecto porque, al ser yo capaz de hacerlo, espero que los demás piensen con la misma claridad que yo. Y si algún concepto les causa desconcierto, espero de ellos que reconozcan que no están seguros, que no saben lo que quieren. No obstante, no paro de encontrarme con personas que actúan como si estuvieran muy seguros de sí mismos y en realidad no hacen sino marear la perdiz. Por favor, que se dé por aludido aquél que más de una vez haya jugado con otra persona “por si acaso llega a cambiar de opinión”. Claro. Aquí, con eso de que “más vale pájaro en mano que ciento volando”, alteramos el refranero español a nuestro gusto y deducimos que, teniendo ya un pájaro en la mano izquierda, con la derecha hurgamos en la jaula e intentamos cazar otro. Bueno, permitidme que deje una cosa clara: si nos quedamos con un pájaro en la mano, lo cuidamos, mimamos, alimentamos y damos de beber como si no hubiera otro pájaro en el mundo entero. Y dejamos la jaula para que los demás busquen su pájaro preferido.

En pocas palabras, que barajemos bien todas las posibilidades para hacer la elección adecuada, y que pongamos todas las cartas sobre la mesa si dudamos entre dos opciones que nada tienen que ver entre sí. Es el único modo de no pillarse los dedos al cerrar una puerta.
M.L.G.G-A.

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